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Casi nadie publica precios, y eso tiene una explicación: "una web" puede significar una página de contacto o una plataforma con usuarios. Poner un número sin saber cuál de las dos es sería inventar.

Lo que sí se puede explicar es qué hace mover el precio, qué suele quedar afuera y cómo comparar dos presupuestos. Con eso llegás a la conversación sabiendo qué preguntar.

Las cinco cosas que mueven el número

Cuántas páginas distintas. No es lo mismo un sitio de cinco páginas que uno con una página por especialidad, por tratamiento o por ubicación. Y esas páginas separadas no son un capricho: son lo que hace que aparezcas en cada búsqueda.

Quién escribe el contenido. Si llegás con los textos listos, el proyecto es más corto. Si hay que escribirlos, es trabajo real: entrevistas, redacción y revisión. La mayoría de los profesionales llega sin textos, y está bien, pero conviene saber que se cotiza.

Qué tiene que hacer además de informar. Un formulario de contacto es una cosa. Un sistema de turnos con disponibilidad, confirmaciones y recordatorios es otra, y es la diferencia más grande entre dos presupuestos que parecen parecidos.

Con qué se tiene que conectar. Si el sitio tiene que hablar con tu sistema de gestión, con tu software de turnos o con tu facturación, eso es trabajo de integración y depende de qué tan bien documentado esté el otro lado.

Para cuándo. Un proyecto normal se organiza en semanas. Si hay una fecha que no se mueve, se reacomodan recursos y eso se refleja.

Los rangos

Estamos terminando de armar los rangos de referencia para los tres tipos de proyecto que hacemos más seguido. Los vamos a publicar acá, en dólares y con lo que incluye cada uno, en cuanto estén cerrados.

Mientras tanto, escribinos y te pasamos el número para tu caso. No cobramos por cotizar y no hace falta que tengas nada resuelto.

Lo que casi nunca está incluido

Esto es lo que más sorprende después de firmar, así que preguntalo antes.

  • El dominio. Se paga por año y va a tu nombre. Es el gasto más chico y el más importante: si está a nombre de la agencia, tenés un problema el día que te quieras ir.
  • El hosting. Mensual o anual, según dónde se aloje.
  • El mail con tu dominio. Suele ser un servicio aparte, por casilla y por mes.
  • Las licencias de plugins. En WordPress, varios de los plugins buenos son pagos y se renuevan cada año. Preguntá cuáles vas a necesitar y cuánto cuestan.
  • Las fotos. Si hacen falta fotos propias del consultorio, del estudio o del equipo, eso es una producción aparte.
  • El mantenimiento. Es mensual y es opcional, pero sin él el sitio se degrada.

Un presupuesto honesto te dice cuáles de estos corren por tu cuenta, aunque no los cobre.

Tres señales de alarma

Un precio muy por debajo del resto. Casi siempre significa una plantilla con tu logo encima, o que el grueso del trabajo quedó afuera y va a aparecer como adicional.

Que te garanticen el primer puesto en Google. Nadie controla el ranking de Google. Quien lo garantiza, o no sabe, o sabe y te lo está diciendo igual.

Que el sitio no quede a tu nombre. Hay modelos donde pagás una cuota y el sitio nunca es tuyo. Puede servirte, pero tenés que saberlo desde el principio, porque el día que te vas no te llevás nada.

Cómo comparar dos presupuestos

Si tenés dos cotizaciones y una es más cara, hacé estas cinco preguntas a las dos. Casi siempre explican la diferencia.

  1. ¿Cuántas páginas distintas incluye, y cuáles?
  2. ¿Quién escribe los textos?
  3. ¿El dominio y el hosting quedan a mi nombre?
  4. ¿Qué pasa si quiero cambiar algo después, y cuánto cuesta?
  5. ¿Qué incluye de SEO, y qué de velocidad y accesibilidad?

La quinta es la que más separa. Un sitio que carga lento o que no es accesible te cuesta visitas todos los meses, y esa cuenta no aparece en ningún presupuesto.

Si querés una referencia para tu caso puntual, contanos qué necesitás o mandanos el brief con los detalles del proyecto.

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